Archivo de la categoría ‘microficciones’

Homicidio en fall

Sábado, Octubre 21, 2006

Doce nervaduras inclinándose ante el inesperado peso de una gota de rocío dejan caer traslúcida a su acompañante, desnuda frente al frío invernal que la congela encerrándola antes que su existencia se diluya en un suspiro. Una mirada que contempla el homicidio le es testigo inesperada a un doble crimen, al observar deslizarse entre el aire horrorizada a la hoja intelectual actriz atroz de aquel delito. Debajo de ellas a la espera, el forense cara hacia arriba mide la distancia al sol, reflexivo prepara el informe policíaco. Un fortuito acercamiento a la espiral de la ocasión se hace partícipe de la tragedia al descuidarse su cobijo.

Al final, se salvaron sólo dos: la mirada en la ventana y el sádico lector desprolijo. La rígida gota al derretirse dejó que a la hoja se la lleve el viento, y el caracol junto al mosaico se fundieron en un cuadro que encontró Tomás, mi hijo. Por lo demás, un baldazo de agua fría y algún que otro escobazo bastaron para quitar la evidencia.

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Muerte subita

Jueves, Octubre 12, 2006

Cuenta un íntimo amigo del autor que solía visitarlo en aquel entonces, que en épocas de su máxima productividad literaria la conversación transcurrió mas o menos así:

—¿Cómo andas viejo amigo?
—Estoy enfermo.
—¿Enfermo? ¿Qué sucede?
—No puedo dejar de escribir.

Acto seguido el autor cayó muerto encima de los cientos de hojas que había sobre la cama, dispersándolas por doquier.
Su amigo aún sin salir del asombro, observó a su alrededor intentando comprender la razón del sorpresivo fallecimiento: todo cuanto había en aquel lugar había sido utilizado por papel, la habitación entera convertida en un gigantesco cuaderno de notas.
Hasta el más mínimo espacio vacío entre aquellas cuatro paredes había sido ocupado con su letra. Ya no restaba nada por escribir…

Sólo su destino.

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Despedida fantastica

Viernes, Octubre 6, 2006

—Una vez que una de ellas se transforma ya no hay vuelta atrás para las demás —dijo el anciano maravillado con la primera de las mariposas.

Anton observó las orugas arrastrándose sobre las hojas del jazmín y se preguntó si aquello sería cierto

—Claro que lo es —contestó el anciano echándose a volar.

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