Homicidio en fall

Doce nervaduras inclinándose ante el inesperado peso de una gota de rocío dejan caer traslúcida a su acompañante, desnuda frente al frío invernal que la congela encerrándola antes que su existencia se diluya en un suspiro. Una mirada que contempla el homicidio le es testigo inesperada a un doble crimen, al observar deslizarse entre el aire horrorizada a la hoja intelectual actriz atroz de aquel delito. Debajo de ellas a la espera, el forense cara hacia arriba mide la distancia al sol, reflexivo prepara el informe policíaco. Un fortuito acercamiento a la espiral de la ocasión se hace partícipe de la tragedia al descuidarse su cobijo.

Al final, se salvaron sólo dos: la mirada en la ventana y el sádico lector desprolijo. La rígida gota al derretirse dejó que a la hoja se la lleve el viento, y el caracol junto al mosaico se fundieron en un cuadro que encontró Tomás, mi hijo. Por lo demás, un baldazo de agua fría y algún que otro escobazo bastaron para quitar la evidencia.

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2 Comentarios a “Homicidio en fall”

  1. Lz comentó:

    El poema es bonito. Lo único que no me gustó fue el título que es igual al de la película de Quentin Tarantino. Podría tener un título más original.

  2. l.santoro comentó:

    a decir verdad Lz, cuando escribí este texto realmente no recordé la película de Tarantino. De hecho, aún no la he visto a pesar de tratarse de un clásico. Deberé alquilarla a ver si allí también un caracol se estrella contra el piso :p

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