Muerte subita
Jueves, Octubre 12, 2006Cuenta un íntimo amigo del autor que solía visitarlo en aquel entonces, que en épocas de su máxima productividad literaria la conversación transcurrió mas o menos así:
—¿Cómo andas viejo amigo?
—Estoy enfermo.
—¿Enfermo? ¿Qué sucede?
—No puedo dejar de escribir.
Acto seguido el autor cayó muerto encima de los cientos de hojas que había sobre la cama, dispersándolas por doquier.
Su amigo aún sin salir del asombro, observó a su alrededor intentando comprender la razón del sorpresivo fallecimiento: todo cuanto había en aquel lugar había sido utilizado por papel, la habitación entera convertida en un gigantesco cuaderno de notas.
Hasta el más mínimo espacio vacío entre aquellas cuatro paredes había sido ocupado con su letra. Ya no restaba nada por escribir…
Sólo su destino.
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